
Hoy tuve una de esas conversaciones de "reflexión y expresión", algo como una exploración por las ideas de un patojo de 22 años que ha acumulado conocimientos e ideas con el fin de clarificar un poco su situación.
En fin, la cosa es que me quedé pensando un poco sobre la situación "social" en la que me desenvuelvo y he llegado a algunas conclusiones, que por supuesto no proponen solución alguna, sino más bien, siguiendo con la tradición chapina, exponen el problema: hasta ahí.
1. Somos una sociedad, al menos en la capital, viviendo el día a día a la defensiva, como si todos estuvieran en contra de uno; lo veo en el trabajo, todos al pendiente de qué hacen los demás o cuánto más ganan los demás que yo, cuánto
se la pela uno o el otro, en fin, todos a la expectativa de la vida de los otros: siempre criticándonos (me incluyo, que no soy santo). Somos un país de puros cangrejos, siempre limitando al de a la par pa' que no me deje...
2. Somos una sociedad de marquitas, estigmatizada, vivimos encasillando a los demás, o encasillándonos a nosotros mismos para sentirnos parte de algo o separados de alguien: carecemos de identidad propia. Somos rechas, fresas, rockeros (aclaración: el EMO no es rockero, más bien viene siendo como ser fresa), indios, mucos o en el mejor de los casos, ni olemos ni "yedemos". Todos nos unimos a una moda, a algún calificativo colectivo, y ¡ay de aquel que no quiera pertenecer a algún grupo!: ¡qué recha!. Esto sale a colación porque los compañeros de la U viven recordando que el primer año de la carrera, yo llegaba, a ver si me recuerdo: "con corbata y playera, con sombrero o "beanie", con saco y chapulines, en pantaloneta con camisa de vestir, con pantalón de vestir y playera, con los calzoncillos en la cabeza, con máscara de luchador, con zapatos de payaso, etc."... como quien dice "desubicado".
3. Somos una sociedad "de a hoy", nada para mañana: hoy hay pisto, pela, gastémoslo. No tenemos visión ni ambiciones, no queremos futuro, queremos tenerlo todo hoy y por eso no funcionan las iniciativas y proyectos a largo plazo, porque conllevan un proceso "lento" y que no tiene "resultados inmediatos", lo que en parte se entiende porque no se le puede decir a un niño que lleva 2 semanas sin comer, que se espere a que tenga 20 años para empezar a comer tranquilo... ¿o sí?, pues entre toda esta hecatombe de necesidades sin satisfacer, el mercado populista encontró su trono: regresamos a la época de "los espejitos", escuchando al idiota pagano y mercantilista que regala "pedacitos de felicidad instantánea" al pueblo, colgándose y mofándose de él a diestra y siniestra. Tendremos cara, pero ya no somos tan mulas... siento yo pues...
4. Somos una sociedad resentida, cobramos ojo por ojo y diente por diente, tenemos memoria para recriminar, maltratar, señalar y criticar, pero nunca se analiza el pasado para aprender de los errores cometidos o para evaluar el camino presente hacia el futuro. Tanto marero que se oculta bajo lo oscuro de su pasado para justificar sus acciones presentes, puro congresista.
5. Somos una sociedad de reiligiones empíricas, de dogmáticos y de necesidad de sentirnos seguros y buenos. No cuestionamos, sólo obedecemos, no importa saber el significado de las cosas, sólo saber las líneas que repetimos día con día, año tras año, o ver al pastor haciendo milagros... somos emuladores de Tomás.
6. Somos una sociedad desinteresada de todo, huevones la mayoría, ya sin sentimiento por nada, tiramos basura en la calle, atropeyamos gente, desobedecemos toda y cada una de las leyes de convivencia, ya no nos comunicamos, somos ignorantes de los demás y de nosotros mismos, negligentes a veces.
7. Somos una sociedad "wannabe", todo es copiar lo de afuera y "adaptarlo" a nuestra cuasicultura (representada tan burda por el INGUAT). Aquí no se crea nada, no se investiga, no se propone: todo se copia. Vamos a lugares caros para sentirnos exitosos, tomamos nuestros cafecitos en lugares "fancy", comemos nuestros churrascos "argentinos" de Q500.00, no existen marcas nacionales trascendentes que hayan salido al mercado recientemente en productos de consumo, sólo en comida y servicios. Nos vestimos con ropita de marca para emular a los gringos canchitos de los anuncios poco creativos de la Tommy, compramos ropa "original y única" en Zara o Bershka. Y no es afán nacionalista querer tenerlo todo justamente nacional, pero como que cae uno en la falta de identidad propia, si es que eso existe como tal.
8. Somos una sociedad de "guaro", culitos y fiesta "reguetonera", purrún santo de fin de semana. Muchos de los patojos de mi "promo social" se preocupan más por cuántos chupes visita los fines de semana, con cuántos "culos" anda en los chupes y qué tantas canciones de "reguetón" se sabe, que en capacitarse y aprender a hacer las cosas, de ser más productivo. Aquí somos bolos, y no es que esté en contra del licor o de echarse un par de tragos los fines de semana, ¡Dios bendiga la libertad y la tranquilidad que conlleva echarse una chelita!, pero siento que en Guatemala "hay más bolos que niños felices" (cambiando un poquito la letra de Arjona), hay más licor que comida.
9. No nos interesa cambiar. La crisis no debería de ser el motor para generar más psicosis en nuestra sociedad. Realmente es sólo un indicador de necesidad de cambio. Pero en Guate cada vez somos menos creativos, más consumidores que productores, nada se hace en Guate, todo se usa, nada se crea. Ya no hay espacios para echar a andar la imaginación y la creatividad de los patojos, en parte porque ya no queda algo para la imaginación: hoy los patojitos de 7 años ya miran porno.
10. Ya no hay "respetancia" para los mayores, porque los papás le tienen miedo a sus hijos: señores dejen de permitirle tanto a sus hijos, un porrazo en el hocico es suficiente para callar al chamuco. Ya no hay cariño ni respeto a los que ya vivieron, hoy todos son más "salsas", todos se sienten en poder de gritar y reclamar a sus "viejos", y qué importan sus chorrocientos de canas y arrugas: da igual. Somos una sociedad sin valores y sin principios, todo "pela". Y los tatas que se dejan... mi mamá me pegaba unos pellizcos que me dejaban quieto al instante y a mi papá, ay Dios, que intentara siquiera contradecirle o faltarle el respeto... hoy "los patos le tiran a las escopetas" y los sindicalistas le dicen al presidente qué hacer.